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San José, Costa Rica
Escritora. Estudiante de Cine. Profesora de Inglés.

sábado, 23 de mayo de 2009

Montevideo me mata

Montevideo, Uruguay

En la cocina me como mi pan de salvado, le unto mantequilla.
Soy la única en la mesa. Es temporada baja, el hostal no se llena, dijeron. No sé, ¿será que alguien de verdad visita esta ciudad? Pienso en mis finanzas, en qué tanto debo gastar - en volver a Buenos Aires y ser pobre. El café sabe horrible, tiene un sabor ácido, como cuando tuestan demasiado los granos. Me pregunto si la gente del hostal está enterada de que su café es una mierda. Deberían, pienso. O talvez soy sólo yo, que me creo muy tica. Tengo sueño, se me ve en la cara. Me despertó el sol de las diez a eme, dormí solamente tres horas. No soy buena para eso de estar privado de sueño, nunca entendí cómo hace la gente cuando “la palma” varios días seguidos y sobrevive a punta de red bull. Pero eso hoy no me importa, y a mi cuerpo tampoco: ni siquiera se siente tan cansado. Además, ¡manda huevo!, llevo días de estar durmiendo de más.

Termino de "desayunar" y me acerco a la recepción. Martín, se llama el muchacho. Me cae bien. Es guapo, además. Buen augurio.

Hablamos. Le cuento que estudio cine y se emociona. Busca algo en youtube, y me enseña un videoclip de su banda de rock, en la que él, descubro luego, es el vocalista. Me cuenta que se filmó en dos días. Su banda se llama Cambiá la Biblia. El video es bastante acorde. La primera secuencia es trillada: un tipo muy rockstar hace despiche, se coge a dos chicas muy guapas, y jala varias líneas de coca. La segunda secuencia es más trillada aún: el mismo tipo se despierta en su cama con las dos rubias de tetas grandes, se baña, se pone gel en el pelo, y luego va a la iglesia a dar misa. Hmmm... el rockstar que también es padre.

Termina el video. Yo no digo mucho. De alguna manera, logro desviar el tema hacia terreno más seguro. Menciono la película Whisky. Martín se emociona todavía más. Levanta el teléfono, y antes de que logre explicarme qué está haciendo, me reserva un tiquete de bus a Piriápolis para las 10 del día siguiente. Me dice que después de ver Piriápolis no voy a querer irme de Uruguay. Le creo, porque incluso sin conocer Piriápolis no quiero irme. Me cuenta que siempre toma el mismo ómnibus que "el gordo" que hizo Whisky. "¿Ajá?" digo, y ahora soy yo la que se emociona. "Sí, el vive por Pocitos." "Qué chiva," digo. Martín no pregunta qué significa "chiva"; más bien se hace el que me entiende. "Pero qué mierda que el otro se suicidó," comento.

El efecto es inmediato: Martín me mira con una expresión muy dark, empieza como a hacer frío en el lobby, y de casualidad una nube tapa el sol y todo se ve más oscuro.

"Ah sí, otro de esos pelotudos que se suicidan," murmura Martín.
"¿Cómo?"
"Sí Ana, acá todos se suicidan."

El aire está denso. Todo parece confabular para que se me paren los pelitos de la nuca. Lo único que se me ocurre decir es "what the fuck."

Martín me explica que Uruguay es el país de América Latina con el índice de suicidios más alto. En promedio, se matan dos personas por día. No lo puedo creer, pero si son sólo tres millones y medio de habitantes. Martín no me mira. Mueve el mouse y pretende estar haciendo algo en la compu. Pienso en decir "lo siento" o alguna burrada así, de esas que no ayudan en nada. Ahora Martín hace una larga pausa, como para crear suspenso. Empiezo a notar que disfruta de haberme perturbado - todo bien, a mí me gusta que me perturben. Me dice que los Uruguayos son muy dramáticos, pero que a diferencia de los Argentinos o los Italianos (sus parientes más cercanos), no lo exteriorizan. "Se van muriendo por dentro. Afuera, sonríen."

Salgo del hostal con la mente intranquila. Hace sol, es un día hermoso, y yo suspiro cada dos segundos. Hay un silencio sobrenatural: esta es una ciudad fantasma. No hay nadie en la calle. Un par de personas toman mate afuera de sus puertas, y cuando paso me siguen con la mirada. Observo todo, consciente de que mis cejas están arqueadas de la congoja. Las casas se ven tristes, los árboles se ven tristes - el otoño me parece una gran tristeza.

Sigo el mapa hasta llegar a lo que está señalado como El Parque de Diversiones de Montevideo. Me detengo a mirarlo desde la acera opuesta: es más bien una feria de pueblo. Tres o cuatro atracciones y un puesto de churros. No se escucha más sonido que la rueda de Chicago dando vueltas, chirriando de oxidada. Me acerco a la entrada, pago, y me compro un churro. Observo a los únicos otros dos visitantes: un niño de masomenos cinco años en loop sobre el carrusel, y su papá que lo espera en una banca.

En la noche, en la sala común del hostal, acudo a la interné para encontrar más información sobre la ciudad que aleatoriamente terminé visitando.

Es casi como si nada nunca me hubiera impresionado tanto. Insatisfecha con la escueta información que me proporciona wikipedia (no sé qué esperaba), busco en google "suicidios+uruguay."

El primer enlace me corta la respiración:
Montevideo me mata

No me atrevo a hacer click.

A mí también me mata.

5 comentarios:

PietroB dijo...

que bueno sus parientes mas cercanos jaja , como si hablara de los chimpances y los bonobos, o del homo sapiens y los neanderthales jajaja

Camila dijo...

...
quiero leer mas

William Eduarte dijo...

...
repico los puntos
otros mas
...
y otros...

stephanie. dijo...

Este siempre fue uno de mis favoritos (por mas que siempre no ha sido tan largo)

Yo. ¿Quien? dijo...

"En Uruguay el número de intentos de suicidio aumentó, aunque hay menos muertes por suicidio. Es decir, es más la gente que intenta matarse pero son menos los que lo logran. A pesar de esto, Uruguay sigue siendo el país con mayor índice de suicidios de América Latina."

Que salados