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San José, Costa Rica
Escritora. Estudiante de Cine. Profesora de Inglés.

domingo, 14 de junio de 2009

Entrepierna

Estar del otro lado de la mesa siempre es una lucha.

Me he dado cuenta de que, cuando usted sonríe, a mí se me tensa el cuello, por culpa de un montón de impulsos.
(y frustraciones)

Quisiera, por ejemplo, tocar su entrepierna con mi pie, pero no alcanzo. Además, eso sería muy lanzado; tendría que estar segura de que nadie se va a dar cuenta.

Aunque

de por sí yo ni siquiera soy así. Es decir: sí, me atrae su entrepierna, pero entiendo que es suya, y talvez usted prefiere que no la toque sin permiso. Mejor esperar a que sea un mutuo acuerdo, esperando que en algún momento lleguemos a ese acuerdo.

Esperando que ese momento sea ahorita - ojalá que no pase de hoy -.

bueno

realmente creo que yo no soy de las que tocan entrepiernas con los pies desde el otro lado de la mesa: prefiero hacerlo más de cerca

- y con las manos.


Tener una mesa de por medio siempre es infructuoso.
(Es más como una
m i e r d a,
siendo sincera.)


'Usted sabe cómo usar sus ojos,' dice usted. Qué dicha, pienso yo, no estoy meando tan fuera del tarro. Entonces mire - le explico, (talvez usted sí entienda): esto que hago, de mover las pestañas (son muy largas, casi como extremidades - sí sí, mi modestia), es porque se me ocurre de pronto que así lo alcanzo.
¿Usted que cree? ¿Funciona?

4 comentarios:

alon dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
alon dijo...

Me gusta sentir con las manos, principalmente con los dedos.
No solo las mesas son una lucha
(hermoso texto)

Diego dijo...

Genial.
Uno nunca sabe cuando alargar la mano.

Mr.Kuminev dijo...

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